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	<title>La razón de la sinrazón</title>
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	<pubDate>Mon, 11 Aug 2008 12:13:08 +0000</pubDate>
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		<title>Verano en versos II</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Aug 2008 07:14:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jueves</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Prácticas]]></category>

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		<description><![CDATA[(Sigo practicando&#8230;
aunque ya estoy mejor &#8220;de lo mío&#8221;&#8230;).
Confieso que el deseo de ser muerta
se cuela por mis sueños de verano
que en la sombra la vida lucha en vano
por cerrar para siempre aquella puerta.
Aún me reconozco herida abierta
y siento por mis ingles hilo insano
que quiere estrangularme con su mano,
borrarme mi mañana y tu “despierta”.
No estaré, no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>(Sigo practicando&#8230;<br />
aunque ya estoy mejor &#8220;de lo mío&#8221;&#8230;).</p>
<p>Confieso que el deseo de ser muerta<br />
se cuela por mis sueños de verano<br />
que en la sombra la vida lucha en vano<br />
por cerrar para siempre aquella puerta.</p>
<p>Aún me reconozco herida abierta<br />
y siento por mis ingles hilo insano<br />
que quiere estrangularme con su mano,<br />
borrarme mi mañana y tu “despierta”.</p>
<p>No estaré, no habrá espacio a algún reproche,<br />
me iré callada y sabia del sigilo<br />
de haber probado vida en su derroche.</p>
<p>Me abandono, me venzo, sigo el hilo<br />
que quiera acompañarme en esta noche<br />
y bailo con la muerte&#8230; y cruzo el filo.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Verano en prosas I</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Jul 2008 10:36:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jueves</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Casi biografía]]></category>

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		<description><![CDATA[Ya no tengo la menor duda: en el principio de los tiempos, las manos y los pies formaron parte de una misma “cosa&#8221;. Igual ocurrió con América, África y Europa, por ejemplo, o con Isabel y Diego, cuyo corazón fue uno solo no hace tanto en la remota ciudad de Teruel.
Una de mis pasiones estivales [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ya no tengo la menor duda: en el principio de los tiempos, las manos y los pies formaron parte de una misma “cosa&#8221;. Igual ocurrió con América, África y Europa, por ejemplo, o con Isabel y Diego, cuyo corazón fue uno solo no hace tanto en la remota ciudad de Teruel.</p>
<p>Una de mis pasiones estivales es observar en el metro o en el autobús la relación, que desde siempre se me antojó directa, entre las extremidades de los seres humanos. Aprovecho el transporte público porque el análisis atento y detenido y la elaboración de hipótesis aceptables han de acompañarse de tiempo y calma. Mis paseos por la línea 9 del metro de Madrid son fructíferos, y  a diario  desde Vinateros hasta Colombia no hago otra cosa que confirmar mis sospechas.</p>
<p>Casi siempre comienzo por abajo (últimamente allí me encuentro con mis ansias…). Me entusiasma poder contemplar lo que se me niega durante el invierno. Me hacen gracia los pies regordetes que rebosan de las tiras de las sandalias en las que encuentro meñiques irreductibles y empeines inflamados de verano; admiro la estética de los elegantes huesudos en los que los que decrecen los cinco dedos en proporción directa y exacta; me apenan los blanquitos como requesones, me intrigan los juanetudos que apuntan obstinados a otro lugar que ignoro&#8230; Y sí, también me fijo en las uñas, en su textura, en su color y me lamento por crueldad de la naturaleza y el tiempo. Por supuesto que hay soluciones: las lacas, los alicates, la amputación, la muerte…</p>
<p>A veces se me pasa el trayecto sin avanzar los ojos hacia arriba, pero los días en los que ando más espabilada tengo suficiente tiempo para acabar la concordancia. ¿No se habían dado cuenta de que son casi lo mismo? Los pies regordetes llaman a dedos rellenos y esclavos de alianzas imposibles, los elegantes huesudos se complementan con manos de pianistas en paro o de ilustres poetas que no escriben, y los blanquitos se conjuntan con manos frías de abandono… Veo manos agarradas con  fuerza a la barra del vagón o que sostienen con furia un libro y comprendo la rabia o el desaliento de quien anda con unos pies juanetudos… Fueron una misma cosa y siento que se echan de menos, condenados para siempre a vivir en la distancia, a arrastrase unos, a otros volar, a quedar separados tan eternamente… </p>
<p>Estoy absolutamente segura: la prueba está en Teruel y en la línea 9 del metro, y la posibilidad en los corazones sensibles y en que un día de verano te encuentres un romántico caraculo.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Ausencias VIII</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Jul 2008 10:05:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jueves</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Ausencias]]></category>

		<category><![CDATA[Prácticas]]></category>

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		<description><![CDATA[Despierta a esta herida,
recibe la mañana y la flor roja…
Gritándole a la vida
le pido que recoja
mi cuerpo castigado tu venida.
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Despierta a esta herida,<br />
recibe la mañana y la flor roja…<br />
Gritándole a la vida<br />
le pido que recoja<br />
mi cuerpo castigado tu venida.</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
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		<title>Superman</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Jul 2008 13:53:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jueves</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Héroes]]></category>

		<category><![CDATA[Prácticas]]></category>

		<category><![CDATA[Crear nuevo tag]]></category>

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		<description><![CDATA[(La música de que soy capaz para el héroe de los héroes&#8230; Ahora estoy segura de que su madre tuvo un lío con un ser extraño al que dicen haber visto rondar en Sevilla la Calle Lanza&#8230;).
¿Parece de otro mundo?&#8230;
Hoy Superman vuelve buenas las malas:
ve en el mar más profundo,
sabe volar sin alas…
¡Muestra el pecho [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>(La música de que soy capaz para el héroe de los héroes&#8230; Ahora estoy segura de que su madre tuvo un lío con un ser extraño al que dicen haber visto rondar en Sevilla la Calle Lanza&#8230;).</p>
<p>¿Parece de otro mundo?&#8230;<br />
Hoy Superman vuelve buenas las malas:<br />
ve en el mar más profundo,<br />
sabe volar sin alas…<br />
¡Muestra el pecho y le rebotan las balas!</p>
]]></content:encoded>
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		<title>A dieta epistemológica</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Jul 2008 05:43:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jueves</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Casi biografía]]></category>

		<category><![CDATA[Crear nuevo tag]]></category>

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		<description><![CDATA[Señores del DEA:
Ya lo sé, que no y que no, que cincuenta son cincuenta, y ahí no me consienten ni un suspiro más… Pues vaya… Por eso sigo mi rutina: desayuno galletas integrales con leche desnatada, como fruta y verduras, ceno poco y todas las mañanas me subo a la báscula.  He aprendido a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Señores del DEA:</p>
<p>Ya lo sé, que no y que no, que cincuenta son cincuenta, y ahí no me consienten ni un suspiro más… Pues vaya… Por eso sigo mi rutina: desayuno galletas integrales con leche desnatada, como fruta y verduras, ceno poco y todas las mañanas me subo a la báscula.  He aprendido a utilizar algunos trucos meto la tripa, aprieto el culo y  49,6, qué alivio. A veces, para mejorar la marca, me quito hasta el pijama…</p>
<p>Quiero que sepan que he tenido que ceñirme a un estricto régimen bajo en calorías, que  me he privado del dulce de los puntos suspensivos, del exceso de hidratos de carbono de mis paréntesis, de las sabrosas salsas de tanta explicación. Qué decir de la poesía: no saben cómo engordan los paralelismos, las metáforas, y ay del día que me topo con un alegoría&#8230;. Tengan en cuenta, señores del DEA, que yo soy así, con tendencia a ensancharme por parte de madre. </p>
<p>Sin embargo, no se preocupen, soy rigurosa y disciplinada.  Me sugieren que como complemento a mi estricta dieta pruebe con el deporte. Pero ya ven, tengo el cuerpo magullado y prefiero, antes de dar un salto, morirme una semana  de inanición. Además,  que el músculo pesa, y cincuenta son cincuenta y aquí no cabe ni una línea más. </p>
<p>Lo tendrán como quieren, huesudo, quizá un poco pálido… Me consuelo imaginando la peor suerte de los altos: ¿cincuenta con esa envergadura? No me quejo… Al fin y al cabo, a mí este número me sienta bien… y hay días en los que me encuentro hasta guapa.</p>
<p>En octubre nos veremos en el TEA, pero ahora que es verano y tengo ganas de cerveza en la terraza, siento pánico a que me cambie el metabolismo… Avísenme, mis amigos, si lo ven dar un paso adelante. </p>
<p>(Información para los que pasan de dietas y no se pesan cada mañana: El DEA es el Diploma de Estudios Avanzados: el TEA, el tribunal… ¡Cincuenta páginas!).</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Salvada de naufragios y tormentas</title>
		<link>http://larazon.delasinrazon.com/2008/06/27/salvada-de-naufragios-y-tormentas-%c2%a1primer-aniversario/</link>
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		<pubDate>Fri, 27 Jun 2008 05:15:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jueves</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Prácticas]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi sinrazón y yo celebramos el primer aniversario de este cuaderno con el primer soneto de mi razón… 
Gracias a los que me acompañasteis en el viaje… y perdón por algunas salpicaduras, propias de la travesía… Sobreviví… Ahora ya puedo ahogarme tranquila: ¡escribí un soneto!
A veces llueve mucho y llueve tanto
que tengo que nadarme por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi sinrazón y yo celebramos <strong>el primer aniversario</strong> de este cuaderno con el primer soneto de mi razón… </p>
<p>Gracias a los que me acompañasteis en el viaje… y perdón por algunas salpicaduras, propias de la travesía… Sobreviví… Ahora ya puedo ahogarme tranquila: <strong>¡escribí un soneto!</strong></p>
<p>A veces llueve mucho y llueve tanto<br />
que tengo que nadarme por la vida,<br />
ganarle al agua turbia la partida,<br />
vivir sin el temblor de este quebranto.</p>
<p>Y a veces llueven piedras, llueve llanto,<br />
y no llego a mi barca, y sometida<br />
al agua que me inunda voy perdida<br />
buscando no sé qué y un no sé cuánto.</p>
<p>Es de noche, te encuentro en un abrazo<br />
y en medio de la Estigia, ciega, a tientas<br />
me ato a tus dos manos, nudo, lazo,</p>
<p>y surco con tus ojos aguas lentas.<br />
La lluvia cesa hoy y alargo el plazo,<br />
salvada de naufragios y tormentas.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Ausencias VII</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Jun 2008 07:38:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jueves</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Ausencias]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi padre
Mi padre
Mi padre
Mi padre
Mi padre
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi padre</p>
<p class="MsoNormal">Mi padre</p>
<p class="MsoNormal">Mi padre</p>
<p class="MsoNormal">Mi padre</p>
<p class="MsoNormal">Mi padre</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Ausencias VI</title>
		<link>http://larazon.delasinrazon.com/2008/06/14/ausencias-vi/</link>
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		<pubDate>Sat, 14 Jun 2008 04:54:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jueves</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Ausencias]]></category>

		<category><![CDATA[Prácticas]]></category>

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		<description><![CDATA[Ver los campos cuajados de amapolas
y a mi padre esperarme en el andén.
Ausencias VI (bis). Versión para Fmesmenota, que me quiere converir en poeta, qué cosa&#8230;
Me espera en el andén
llegar con mis heridas, siempre a solas;
Se va el último tren&#8230;
Mi padre, rompeolas,
es campo en primavera de amapolas.
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ver los campos cuajados de amapolas<br />
y a mi padre esperarme en el andén.</p>
<p><strong>Ausencias VI (bis)</strong>. <em>Versión para Fmesmenota, que me quiere converir en poeta, qué cosa&#8230;</em></p>
<p>Me espera en el andén<br />
llegar con mis heridas, siempre a solas;<br />
Se va el último tren&#8230;<br />
Mi padre, rompeolas,<br />
es campo en primavera de amapolas.</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
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		<title>Continuidad de los charcos II</title>
		<link>http://larazon.delasinrazon.com/2008/06/13/continuidad-de-los-charcos-ii/</link>
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		<pubDate>Fri, 13 Jun 2008 06:00:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jueves</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Casi biografía]]></category>

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		<description><![CDATA[Cierto es que previamente a la caída, me había paseado por un cable, presumiendo de funámbula. Arriesgué demasiado mi número y, recién levantada y casi sin vestir, caí sin red al agua. Algunos testigos afirman que me tiré adrede, que no fue más que una de mis estrategias para casos difíciles, es decir, para excusarme [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cierto es que previamente a la caída, me había paseado por un cable, presumiendo de funámbula. Arriesgué demasiado mi número y, recién levantada y casi sin vestir, caí sin red al agua. Algunos testigos afirman que me tiré adrede, que no fue más que una de mis estrategias para casos difíciles, es decir, para excusarme aquel día de no entregar a tiempo mi trabajo de doctorado. Y así lo dicen porque afirman  haberme oído pedir auxilio a una nave extraterrestre o manifestar a gritos mi deseo de que el planeta estallara o de que yo me desintegrase sin dar más explicaciones. No se ponen de acuerdo, pero los comprendo: un precedente marca toda una vida, qué lástima. Sin embargo, yo creo que tan solo fue un fallo de novata en la colación de los pies. ¿Y qué hacer cuando en un lago cenagoso a un ser humano se le paralizan las extremidades inferiores? ¿Cómo salir de un charco infinito si el nervio ciático te ata los tobillos con un nudo imposible? No lo sé… Procuré llegar a tierra firme moviendo solo los brazos, pero no tenía fuerza suficiente y me desvertebraba;  puede que también gritase, pero desde todas las orillas no se entendían mis palabras, e incluso me pareció que un grupo de  turistas de lagos misteriosos me mandaban saludos pensando quizá que estaba disfrutando del baño. </p>
<p>Les digo que ocurrió justo debajo de mi casa —o no sé si en el mismo cuarto de baño, cuando iba a ponerme un calcetín, cerca del bidé— y que de nuevo no tuve otro remedio que encontrar una solución dirigida a mi frágil supervivencia. El lago era peligroso y sabía además, por haber leído demasiado, de la existencia de un monstruo (es que sin monstruo, vaya birria de aventura): la hidra, con sus siete cabezas, me hacia guiños —y cuántos— desde lo más hondo. Seguí chapoteando con los brazos, quise remarme hasta llegar a un lugar a salvo, pero allí estaba la bestia hiperbólica, emergiendo con violencia, mirándome a la vez con soberbia y lascivia, despreciando mi ingenio, dispuesta a que jamás pudiera entregar esas, malditas otra vez, cincuenta páginas. Pueden suponer que, a pesar de mis plegarias a dioses y héreoes, Hércules no llegó a tiempo de rescatarme (eso solo pasa en los cuentos, vaya gracia) y que fui yo solita la que, después de haber fortalecido las manos y los bíceps a fuerza de resistirme a una muerte de ahogada, estrangulé a la hidra sus siete cabezas, que enredadas por mi cuerpo me mordieron las amarras y me dejaron libre para regresar a nado hasta la orilla. </p>
<p>Entonces sucedió la maravilla: en el mismo cuarto de baño comprendí, nada más verlo, que era allí donde los héroes de verdad vencen a los monstruos. Me secó, me limpió el barro, me quitó los zapatos y me preparó un jarabe con sabor a manzanilla. “Este charco me suena”… y me quedé dormida y arropada. Yo sé que era Hércules, ya saben, siempre con lo suyo, trabajando…</p>
<p>Por fin, entregué los folios todavía un poco húmedos en el plazo convenido: “Aquí está todo… Sí, ya me encuentro mejor de lo del lago, supongo que habrán tenido noticia de ello, claro…”. Y me marché, todavía cojeando y con la marca en un muslo de la dentellada de un monstruo imaginario. </p>
<p>Después de aquello, andaba siempre descalza y no soportaba el agua ni siquiera en el chorrito del bidé… Hércules se quedó un tiempo en casa, a pesar de que tenía otros trabajos y otros planes, pero un héroe sabio siempre sabe que si una mujer sobrevive a una primavera de lluvia interminable, ay, ese año no se muere.  Ya lo ven, me voy recuperando lentamente (que levante la mano quien haya vencido a una hidra…), porque una hipérbole no es más que una exageración, pero digo que ocurrió y que yo vengo de allí.</p>
<p> <em><br />
(Para Hércules, que además trabaja en casa aunque llegue muy  cansado…)</em></p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Continuidad de los charcos I</title>
		<link>http://larazon.delasinrazon.com/2008/06/05/continuidad-en-los-charcos/</link>
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		<pubDate>Thu, 05 Jun 2008 06:53:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jueves</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Casi biografía]]></category>

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		<description><![CDATA[(Para Gerardo, que me ayuda contra viento y biografía&#8230;)
Sor Asunción era inquisitiva, maniática, exigente, menuda…, es decir, una piedra en el camino para mí, que a los doce tenía también mis manías, preguntaba más de la cuenta y dejé de crecer a lo alto. Sor Asunción nos daba clase de Ciencias Naturales, de Francés y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>(Para Gerardo, que me ayuda contra viento y biografía&#8230;)</em></p>
<p>Sor Asunción era inquisitiva, maniática, exigente, menuda…, es decir, una piedra en el camino para mí, que a los doce tenía también mis manías, preguntaba más de la cuenta y dejé de crecer a lo alto. Sor Asunción nos daba clase de Ciencias Naturales, de Francés y de Matemáticas. No recuerdo casi nada de lo que aprendí: la contractura educativa a  la que nos sometía solo me permitió memorizar algunas canciones en francés —es que tuve la ilusión de que cantaba bien—  y el “je vous salue, Marie” <em>de pe a  pa</em>. Las instrucciones en clase de Sor Asunción eran pocas y claras: primer punto: en la mesa se alinean cuaderno, libro, bolis y lápiz, regla y goma; segundo, las manos sobre la mesa y en ningún caso sujetando con la palma o el puño la cara, que, decía, era imposible que se nos cayera; tercer punto exterminador: necesitábamos dos cuadernos para cada asignatura, uno “de limpio” y otro “de sucio” o “de chapucillas”, como ella los solía llamar. O sea, que había que llevar al día ¡seis cuadernos! </p>
<p>Tampoco me acuerdo —aunque me la imagino— qué tipo de vida social o ¿espiritual?  ocupaba mi tiempo en aquel año ni por qué yo era incapaz de tener todo pasado al cuaderno de limpio, como las demás niñas, cuando Sor Asunción sentenciaba la fecha de entrega. Previendo que cualquier día me iba a llevar un disgusto, una condena o un cero, aprendí a falsificar su firma y su caligrafía, así como aquellos garabatos extraños que, al parecer, querían decir “visto bueno”. La verdad es que llegué a ser una experta, pero se precisa madera de mafiosa o de contrabandista para llevar  a la práctica un plan de este tipo, y yo por aquel entonces era todavía muy joven… </p>
<p>En el día señalado, se recogían los cuadernos por estricto orden de lista. Juro que me había dedicado todo el fin de semana a pasar a limpio el trabajo de “la vaca”, pero el domingo, por más que yo escribiera, por más cavidades del estómago del bovino que dibujara con primor,  me faltaban siempre hojas y nunca llegaba al final. Escuché mi nombre y respondí con decisión:  “Hermana, es que se me ha olvidado el cuaderno en casa, pero&#8230; ¡lo tengo hecho!&#8221;  Sor Asunción me miró con sus ojos pequeños e inteligentes, y seguro que también me olió la mentira (no podía ser de otra forma con aquella nariz, que ni la de del ciego del pobre Lázaro). “Pues muy bien, señorita, como vives muy cerca, te vas a casa y  lo traes antes de que acabe la clase”. En aquel momento deseé con todo mi corazón, y con todas las cavidades que a lo mejor también albergaba mi aparato digestivo, que el mundo estallara, que una nave extraterrestre invadiera el planeta Tierra, que pudiera desintegrarme sin más, sin dar explicaciones… </p>
<p>Gemma, piensa, ante un problema difícil, una brillante solución. Había llovido mucho, y debajo de mi casa, en la zona reservada para que jugasen los niños, se había formado un charco inmenso, casi un lago. Claro que tuve que volver a casa, pero de camino me encontré con el milagro del agua, con esa oportunidad de profundidad infinita, con una barandilla de casi un metro que rodeaba el arenero y, sí, como lo están leyendo,  me subí, con mi falda de cuadros y mi gabardina blanca, di tres pasos demostrando que hasta en las más altas dificultades aún mantenía el equilibrio y la dignidad y ¡me arrojé al charco con todas mis fuerzas y mi desesperación! Por supuesto que no pensaba en morir ahogada —aunque aún no me sentía atraída por los trucos literarios ni conocía sus nombres, sabía perfectamente que la profundidad era solo una exageración—, pero sí se me ocurrió que algunas buenas magulladuras, el  uniforme lleno de barro o una pierna rota podían ser coartadas perfectas para mi particular delito: maldita vaca, malditos cuadernos de limpio, que al final presentaba tan sobados y sucios como los mismísimos de sucio…</p>
<p>No llegué a casa sino que, hecha un cristo, regresé al colegio llorosa, desbaratada, como si acabara de participar en la batalla de Trafalgar… “Mire, hermana —hablaba con la portera—, por culpa de Sor Asunción, que me ha mandado ir a casa por el cuaderno&#8230; Y yo no sé cómo, me ha fallado una pierna o un pie y me he caído a un charco, y mire, mire cómo traigo la rodilla, que encima que ya tenía una costra&#8230; se me ha arrancado y ahora me sale sangre&#8230; Y mire toda la falda y los zapatos llenos de barro, y ahora mire, hermana, mire”…  Seguro que lloré, y Sor Mari Cruz, que parecía una ogra, pero tenía su corazón —de ogra—, se compadeció de mí: me lavó las heridas, me echó mercromina, y me preparó una manzanilla para que me pusiera buena. Dios, otra dificultad se añadía a mi breve biografía, porque a mí ese brevaje me parecía as-que-ro-so,  vomitivo, me daban náuseas solo olerlo… Así es que en un descuido de la sor, me acerqué a una maceta y y regué el poto con la infusión. </p>
<p>Sonó el timbre, se acabó por fin la jornada escolar, Sor Mari Cruz me aseguró que le contaría a Sor Asunción el desgraciado accidente, y yo me volví a a mi casa a cien por hora, ignorando valla  y charco, a terminar de pasar el trabajo de la vaca (qué manía con algunos temas: la vaca, el helecho, la rana…). Lo acabé, lo presenté y probablemente saqué una nota mediocre: Sor Asunción y yo nunca nos entendimos. Bueno, era mejor que un cero: “Lo ve, hermana, cómo lo tenía hecho&#8230; y ya sabe lo que me pasó”… </p>
<p>Si veinte años no es nada, veintitrés tampoco lo deben de ser: ocurrió que una mañana, puesto que tenía que terminar un trabajo para mi curso de doctorado (qué manía de escribir lo que otros ya han escrito antes, de pasar a limpio una y otra vez…) me levanté temprano, apremiada por las fechas de entrega,  y casi fuera de razón, me fallaron las piernas y me caí  en un gran charco de aguas profundas que había justo debajo de mi casa… Tengo que reconocer, antes de seguir adelante, que ahora sí sé nombrar, definir y hasta ejemplificar más de una hipérbole.</p>
<p>Continuará</p>
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