Archivo de 'Cuenta atrás' Category

Cero


6 de Noviembre de 2007

(Es el eco).

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Uno


5 de Noviembre de 2007

Desde que nací no he se sabido qué hacer para suicidarme, no he sido capaz de terminar con la confusión de la más dolorosa de mis anáforas. ¿Habré pensado que tenía que matarme nada menos que a mí, a mi deíctica y delicada voluntad? Cualquier cosa…
Ahora, todavía viva en última instancia, cuando entiendo finalmente el uso y contenido del suicidio que me espera, creo que tan solo preciso darle una patada a aquel espejo y quedarme en sombra y respirar: una…

Se acabaron las tablas: por uno siempre soy yo, solísima yo, sin miedo y sobresalto de perderme…

Para mañana, cero.

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Dos


4 de Noviembre de 2007

Casi en el precipicio
llega y saluda la oportunidad:
estoy aquí ¿me hueles?
disuelta en ese aire que respiras.
Soy la mitad del postre,
el refugio invernal,
la niña que te tira de la bola
tan inmensa de piedra.
Soy la mitad de un número encantado
un jinete bello que va a besarte
tu escondida mitad.

Y fueron muy felices y muy dos…

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Tres


3 de Noviembre de 2007

A pesar de que amo la imparidad y el desequilibrio, no le tengo aprecio al tres: me da miedo el tercer deseo, me cae mal el tercer cerdito y no me fío de un espíritu que diga ser santo.
Ya sé que con el tres estoy destinada a caerme de boca, a bajarme del burro, o a lo mejor a perder el tren o la vida … No quiero más golpes de número impar. Vaya año, el 73.

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Cuatro


2 de Noviembre de 2007

Algunas noches duerme la tristeza.
en las cuatro esquinitas de mi cama.
Y también se me inflaman sin motivo
los puntos cardinales…

Hoy he perdido el norte…

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Cinco


1 de Noviembre de 2007

Los únicos cuentos que recuerdo de mi padre son las historias de las lápidas del cementerio.
Árboles sin sombra, palabras de muertos, ramos sin novia, poesía de granito…
Me alimenté de final y de mármol… Somos lo que comemos…

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Seis


1 de Noviembre de 2007

Me quedé sin abuela cuando aún no sabía de sus auténticas utilidades. A mí solo se me ocurría hasta los trece echarle la culpa de la desaparición de mis cuadernos y mis bolígrafos, conseguir que me prerapara un filete y librarme así de la coliflor de mi madre, calentarme los pies con los suyos por la noche y escuchar la historia de cuando empezó la guerra (decidí, bajo su influencia, que el día en que las cosas volvieran a ponerse feas si, por ejemplo, yo estaba barriendo mi casa, continuaría mi tarea con una mezcla de calma y altivez).
Solo necesité un día después de su muerte para saber de verdad para qué servía mi abuela (¡abuelita!): quise convertirme en flor y adornar su pelo blanco y salir con ella de paseo. Entonces solo tenía trece, así es que enseguida me distraje, observé la comitiva y fui soltando pétalos hasta el cementerio.
Me quedé sin flor y sin abuela justo el día en que intuí para qué me podría haber servido. Qué idiota.
Y tengo que añadir que será difícil que la guerra me sorprenda barriendo.

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Siete


30 de Octubre de 2007

Ajustemos la cuenta: aquella mañana de agosto, murieron al mismo golpe mil conocidos circunstanciales, seis abuelos gruñones, cinco generosos padres, veinte amigos de siempre, cuatro hermanos pequeños, quince tíos carnales, y un esposo tan torpe como amante. Por motivos de orden natural se libraron, no obstante, dos hijos, otro hermano, una suegra y tres cuñados.
Concluimos: tras la tragedia, nunca más el número consigue llegar a siete.

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Ocho


29 de Octubre de 2007

No volveré a empezar otra semana
cargada de unas cifras irreales.
Que yo me quede muda en los enteros
que aguante cada uno sus fracciones.

He notado que hay números
que se esconcen en letras
y he entendido que debo
huir de la poesía.

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Nueve


28 de Octubre de 2007

Duele tantísimo a veces
que duele de la costumbre
de no llegar nunca al diez…
de ser herida inmortal.

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