Archivo de 'Casi biografía' Category

febrero (4)


10 de Febrero de 2008

Tuvo que ser en febrero, porque algo me faltaba y hacía frío. Me escapé de la razón y de la artimética, y me planté con las piernas separadas bajo tu ventana… Escarbé en la jardinera para encontrar alguna piedrecita… Siempre, siempre se encuentra algo con que matar, claro…. Me compuse artillera (creo que improvisé un escorzo de muslos) y empecé a lanzarte mensajes de amor, mensajes de amor desesperado, como deben ser las cartas más nocturnas que las doce, más dolientes que las caídas sobre el mineral muerto…. Tú tardaste en responder (estarías tan bien arropado, haría tanto frío) y yo me iba quedando sin sangre… caliente. Me los devolviste, sí, todos, con tu firma, no había duda de que eran tus letras: todas las piedras dieron desde tu cristal en mi frente, siguiendo el ritmo de tu adverbio: no - no - no - no… Qué gran músico fuiste siempre, amor, cuánto te quise cantando…
Segurísimo que era febrero porque siempre que hiela se me erizan las heridas. Hace muchos febreros, y es hoy…

date
 

Desavenencias divinas


23 de Septiembre de 2007

No sé por qué no les gusto a los dioses. Nunca han comprendido mis lágrimas, jamás han aceptado mis flores y en ninguna ocasión me han reservado sitio en un rincón dulce de su diestra. A los dioses no les pongo, no les hago gracia.
Quisiera saber si es mi tamaño, el tono de mi voz o el dibujo borroso de las cejas… eso que tanto les molesta, que les irrita, eso que no les atrae ni siquiera cuando algunas noches me deshago en plegarias de un amor tan humano.
Reconozco que me es harto difícil aceptar sin más su ignorancia de mí… En las tardes de verano, con la esperanza aún por recoger, les guardé poemas de tinta verde; cuando llegó el otoño me mantuve erguida y les ofrecí ser buena, no dejar nada en el plato, tenerlo todo limpio y a tiempo… Pues no, no les gusto a los dioses.
Sin embargo, yo sigo insistiendo en averiguar si el problema reside en mi modo tosco de entornar los ojos, en la rebeldía de mi rudo pelo, en la escasa elegancia de mis pasos o en este ritmo antiguo y ternario que me machaca el aliento poético. A veces pienso que no tengo de qué preocuparme, que únicamente pasa que los dioses no sienten, que son in-sen-si-bles, que no se enamoran, que se acuestan muy solos todos los días del año. Pero ni soy tan tonta ni a ellos les da por esconderse: a menudo los he visto bailar abrazados a mujeres hermosas o besarles la espalda a unos hombres morenos.
Ya está, concluyamos con que yo no les gusto a los dioses… De muerte mortal y de nacimiento, no se me dan bien, no me tienen hoy ni pizca de gana.

date
 

De plata


4 de Julio de 2007

Siempre bajaba los escalones de dos en dos, lo que requería concentración y técnica: los pies no pueden ir de frente, sino casi paralelos al borde de la escalera, y los saltos han de ser ágiles, de modo que el impulso del primero derroche fuerza para el segundo… y así los ocho pisos. (Agradecimientos al maestro Cortázar y blablabla).

He sido siempre más rápida que el ascensor, al menos al bajar. No me interesó competir en la subida porque sabía de antemano el resultado… Y es que yo había llegado al mundo para ganar, o a lo mejor para ser rescatada por una nave espacial que me reclamase en breve y que algunas mañanas me recordaba que yo no era de esta galaxia.

Sin embargo, subir… ¡subir!… Lo de la otra escalera, la escalera monumental, la escalera más importante, era una historia completamente distinta. Cada año contaba cuánto me quedaba a mí para ponerme frente a ella, agarrarme el vestido blanquísimo con las puntas de los dedos y subir con gracia y ante la mirada envidiosa de las niñas a las que todavía les faltaba un tiempo para hacer la comunión. Ese día iba a subir los escalones de uno en uno, ese día no pensaba competir con el ascensor… Tampoco debía subir demasiado lento sino con ritmo de princesa que abandona el baile, o de princesa que regresa de pasear a caballo por el monte, o de princesa que vuelve de cortar flores del jardín, o de princesa buena convertida a la exquisitez de bajar o subir con calma contenida una escalera.

No sé a quién no convencí aquella mañana, porque nadie ha vuelto a tomarme medidas para un traje de princesa.

date
 

Mi nombre no me recuerda a ningún nombre


27 de Junio de 2007

Laura suena a Marta; Beatriz a Patricia o a Cristina; Carmen se parece bastante a Pilar o a Aurora. ¿Y Gema? Por fortuna, quien me escribió por primera vez me distinguió con dos emes, quizá por aquello de la soledad de mi nombre, que al menos se hagan eco y compañía las dos letras, habría pensado. Por eso pude escuchar “Gemma” siete u ocho años después, saliendo de los labios de aquel chico tan guapísimo y tan mayor y tan hermano de mi amiga. A mí no me acarició las lágrimas (¡Ruth nos había contado que le vio un día hacerlo con su novia!) pero me regaló la diferencia sonora de un nombre abandonado. Para los demás, la elección de mi nombre seguramente no tuvo importancia: yo tenía que haber sido José Julián.

date