Últimas voluntades
Después de cien veces “a partir de mañana como de todo”, a los siete años descubrí que carezco de voluntad. Degusté el tomate a los dieciocho, y qué decir de las espinacas con bechamel.
También intenté quitarme la vida dejando de respirar. Luego de flojos propósitos, ya se sabe que sigo contando sílabas y tratando de cuadrar acentos; o sea, malvivo.
Resulta que ahora apunto a convertirme en madre paciente, en mujer comprensiva, en eficaz ama casa, en persona buena… y que pretendo no volver a hablar de lo mío ni de de sus alrededores.
Hasta el momento solo he conseguido morderme los labios. Me digo, con razón, que es locura esperar resultado de tamaña indolencia, a pesar de que a estas alturas ya casi como de todo.





26 de mayo de 2011 a las 11:45 pm
Es lo que pasa con los años acabas por tener buena boca. No pasa igual con la cabeza, no.