Últimas voluntades

Después de cien veces “a partir de mañana como de todo”, a los siete años descubrí que carezco de voluntad. Degusté el tomate a los dieciocho, y qué decir de las espinacas con bechamel.

También intenté quitarme la vida dejando de respirar. Luego de flojos propósitos, ya se sabe que sigo contando sílabas y tratando de cuadrar acentos; o sea, malvivo.

Resulta que ahora apunto a convertirme en madre paciente, en mujer comprensiva, en eficaz ama casa, en persona buena… y que pretendo no volver a hablar de lo mío ni de de sus alrededores.

Hasta el momento solo he conseguido morderme los labios. Me digo, con razón, que es locura esperar resultado de tamaña indolencia, a pesar de que a estas alturas ya casi como de todo.

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1 comentario a “Últimas voluntades”

  1. fmop dice:

    Es lo que pasa con los años acabas por tener buena boca. No pasa igual con la cabeza, no.

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