3.º ESO – 18 de diciembre de 1987
No alcanzaba y, sin embargo, le parecía un honor que el profesor de Historia la eligiera para buscar el mapa y traerlo al aula. Había que colgarlo a un gancho especial que se deslizaba en la parte superior de la pizarra alojado en un riel. Y no le daban los brazos. Y no iba a decir nunca que no llegaba a lo más alto porque era un honor que los dioses la hubieran obsequiado con ese don. Si se daban cuenta, siempre podría clavarse el gancho en la yugular y, después del salto, morir honrosa y callada.





18 de diciembre de 2009 a las 9:22 pm
Me gusta leerte, aunque me desconciertes, como es el caso. Pero ¿qué hay que no sea interesante que no lleve una cierta dosis de sorpresa y de suspensión?
19 de diciembre de 2009 a las 11:05 pm
¡Vaya pareja que estamos hechos, Joselu! Al ver tu comentario me he sonreído y, no sé por qué, me ha venido a la mente una imagen como si fuéramos dos cómicos que nos encontráramos. Y todo eso porque este es uno de los pocos post de Jueves en el que me encuentro cómodo porque me parece que lo entiendo. ¡Y tú dices que te desconcierta! En cambio, en otros muchos, tú comentas muy sereno y yo me digo a mí mismo ¿Qué habrá entendido?, porque el desconcertado soy yo.
En resumen, que se os quiere a los dos y que es una alegría que nos encontremos los tres juntos en cualquier sitio. ¡Abrazos!
20 de diciembre de 2009 a las 1:58 pm
¡Muchas gracias por acompañarme!… ¡Tengo mucha suerte!