1.º ESO – 24 de noviembre de 1985
A ella le pasó una vez: deseó por los cinco sentidos que el chico moreno y alto, después de un adiós en tierra de nadie, corriera más que toda su ansia adolescente. Asi que estaba allí, delante de la puerta de su casa, y por dónde habría llegado, dios de los deseos y dios mío. Le sucedió una vez, a ella sola, que se saltó la retahíla de previsibles despedidas para siempre.
Hay quien vuela, mira…





5 de diciembre de 2009 a las 5:38 am
Y otros hacen precoces aterrizajes.