Pilates
Dejé de escribir por no hacerme herida,
por no inflamarme el alma con despojo.
Lloré la noche de cuajado abrojo
por no saltar a muerte adormecida.
Los dedos me quebré, busqué salida
de letras blancas brillando en mis ojos.
Y tizna cama este negro rastrojo,
ciega y sin manos me llego vencida.
No escribo ya y en silencio un aplauso
me escupe el verso en su acento más frío.
No escribo más y me vendo a un ocaso
que me silencia en mudo desafío.
Apuro hasta la prosa este fracaso
que no escribir es solo y solo mío.





24 de octubre de 2009 a las 10:42 am
Querida Jueves: No tengo tiempo ahora para contestarte en mi blog, así que lo haré a vuelapluma aquí. Solamente para decirte la alegría de volver a verte por el patio. Te extrañaba mucho, y espero que sepas que toda la serie nació bajo tu inspiración.
El soneto se merece otro soneto, o al menos una décima, o una quintilla como comentario, así que esperaré a ver si encuentro el tiempo y me sale (que lo dudo).
Un beso
25 de octubre de 2009 a las 8:37 pm
Me uno a Animal de fondo, en disfrutar de este soneto que aspira a clásico y lo consigue en buena medida. Cuando era adolescente escribí algún soneto que más vale olvidar. Además los perdí. Y aunque sólo fuera por morbo querría releerlos. Me temo que me incliné demasiado por la cultura contemporánea y olvidé la clásica. Sin embargo, el soneto es la más hermosa y perfecta engastadura de la poesía. Feliz encuentro. Un cordial saludo.
2 de noviembre de 2009 a las 9:54 pm
Mother mine !! Que arte tienes, precioso soneto, que leo en voz alta para disfrutarlo a tope.
Feliz otoño. Un beso
4 de noviembre de 2009 a las 11:38 pm
Tú escribe para nosotros/as, que lo disfrutamos, te lo aseguro. Un abrazo.