Pilates
23 de octubre de 2009
Dejé de escribir por no hacerme herida,
por no inflamarme el alma de despojo.
Lloré la noche de cuajado abrojo
por no saltar a muerte adormecida.
Los dedos me quebré, busqué salida
de letras blancas brillando en mis ojos.
Y tizna cama este negro rastrojo,
ciega y sin manos me llego vencida.
No escribo ya y en silencio un aplauso
me escupe el verso en su acento más frío.
No escribo más y me vendo a un ocaso
que me silencia en mudo desafío.
Apuro hasta la prosa este fracaso
que no escribir es solo y solo mío.



