Ojo Pipa (II)
Y yo elegí… que me agarrara la nuca y me golpeara con toda su fuerza contra la pared, la misma que me había recibido a punta de ladrillo cuando aún solo sabía conducir la bici en línea recta. Me dolió mucho, me subió un pinchazo hasta las sienes (digo yo, de eso ya no me acuerdo…), me quedé muda, con la dignidad pegada en el cemento, creo que orgullosa de haber salvado mi patrimonio…
Ahora dicen que padezco de algo extraño y nervioso, que puede que sea herencia de mis tías las que van a todos los entierros, o que a lo mejor se relaciona con la meningitis que tuve de pequeña o con que mis padres fueran primos segundos… Qué tontería, fue el golpe y nada más. Aprendí la lección: tenía que haberle enseñado las bragas.





7 de Octubre de 2008 a las 8:22 pm
Genial..
De lo mejor que he leído últimamente; lo mismo lo pongo para comentario de texto.
-Si me lo permites claro.
7 de Octubre de 2008 a las 8:40 pm
Y entonces, en lugar de llamarte Jueves, quién sabe si te llamarías Lila Jane
7 de Octubre de 2008 a las 9:58 pm
Serenus, muchas gracias, y claro que es todo tuyo
8 de Octubre de 2008 a las 1:24 pm
Tremendo. Mantiene en vilo. La conclusión, creo que es la acertada. Lo sé por propia experiencia aunque no en las mismas circunstancias.
9 de Octubre de 2008 a las 5:20 am
Me encanta tu estilo. Entré a tu blog a través de Orsai y me voy muy contento de haberlo conocido. Lo voy a frecuentar.