¡Espartanos!
Debajo de tu escudo,
Leónidas, me sobran los trescientos
¡Álzame sobre el muro
de la muerte!… Hoy ceno
contigo y por Esparta en el infierno.


Debajo de tu escudo,
Leónidas, me sobran los trescientos
¡Álzame sobre el muro
de la muerte!… Hoy ceno
contigo y por Esparta en el infierno.


25 de Abril de 2008 a las 11:48 am
Termópilas aparte, a mí es que estos héroes me queman la sangre. Prefiero los antihéroes o en el mejor caso lo héroes cotidianos.
26 de Abril de 2008 a las 5:34 pm
El escudo protector de Leónidas te envuelve cálidamente en la noche. Es complejo tu mundo poético, complejo y sugerente. Tomas la historia que compiló Herodoto y construyes tu propio espacio poético en torno a la leyenda de aquellos trescientos héroes no cotidianos. Sin embargo, a Francisco, nuestro buen amigo, le seduce más la belleza de la cotidianidad sin advertir que hubo quizás un mundo en que los hombres buscaban alzarse por encima de sus circunstancias triviales para alcanzar la gloria en el valor y en la camaradería varonil. Sin duda, somos antihéroes, hombres sin atributos, en la era de la modernidad. Ya no hay trescientos ni Leónidas, ni Esparta como mito. Sólo la metáfora del escudo protector de Leónidas que envuelve a Jueves bajo el cálido aliento del héroe.
30 de Abril de 2008 a las 4:09 pm
¡Jueves, qué trabajo me ha costado encontrar la cita! Estaba en la carta LXXXII y, claro, he tenido que repasar unas cuantas. Todo para decirte que no he visto la película (me duermo en el cine) y hasta hace muy pocos años no había leído la historia. Pero, sin embargo, tengo, desde siempre, una imagen vivísima de Leónidas, a través de Séneca, verás:
“Laconas tibi ostendo in ipsis Thermopylarum angustiis positos. Nec uictoriam sperant nec reditum. Ille locus illis sepulchrum futurus est. [21] Quemadmodum exhortaris ut totius gentis ruinam obiectis corporibus excipiant et uita potius quam loco cedant? Dices “quod malum est gloriosum non est; mors gloriosa est; mors ergo non malum”? O efficacem contionem! Quis post hanc dubitet se infestis ingerere mucronibus et stans mori! At ille Leonidas quam fortiter illos adlocutus est! “Sic”, inquit “conmilitones, prandete tamquam apud inferos cenaturi.” Non in ore creuit cibus, non haesit in faucibus, non elapsus est manibus: alacres et ad prandium illi promiserunt et ad cenam. [22] Quid? Dux ille Romanus, qui ad occupandum locum milites missos, cum per ingentem hostium exercitum ituri essent, sic adlocutus est: “ire, conmilitones, illo necesse est unde redire non est necesse.”
Esta vez no puedes hacerme trampa, como aquélla, cuando apenas nos conocíamos, porque creo que no está en internet. Te pongo la buena, editada por la U. Autónoma de México, de Gallegos Rocafull:
“Mira a los lacedemonios colocados en las estrechuras de las Termópilas. No esperan ni vencer ni volver. Aquel lugar ha de ser su sepulcro. [21] ¿Cómo los exhortas para que presentando sus cuerpos reciban en ellos la ruina de toda su gente y pierdan la vida antes que abandonar aquel lugar? ¿Dirías acaso: “lo que es malo, no es glorioso; la muerte es gloriosa, luego no es mala”? ¡Oh, qué eficaz arenga! Después de ella, ¿quién dudará en arrojarse sobre las espadas enemigas y morir en pie? ¡Con qué entereza les habló Leónidas! “Camaradas –dijo– almorzad como si hubierais de cenar en los infiernos.” No les creció la comida en la boca, no se les pegó a la garganta ni se les cayó de las manos; aceptaron alegres la invitación a la comida y a la cena. [22] ¿Qué? Aquel general romano que envió a sus soldados a ocupar un lugar al que habían de ir pasando a través de un gran ejército enemigo, les habló así: “Camaradas, es necesario ir allá de donde no es necesario volver.”
Y buscando, buscando, no puedo, ya que he llegado hasta aquí, dejar de copiarte otra cita de la misma carta:
“Laudatur enim non paupertas, sed ille, quem paupertas non summittit nec incuruat; laudatur non exilium, sed ille qui in exilium iuit quam misisset. Laudatur non dolor, sed ille, quem nihil coegit dolor. Nemo mortem laudat, sed eum cuius mors ante abstulit animum quam conturbauit.”
“Porque no se alaba la pobreza, sino a aquel a quien la pobreza no somete ni doblega. No se alaba el destierro, sino a aquel que va al destierro, como si mandase a otro. No se alaba el dolor, sino a aquel a quien el dolor no lo coacciona. Nadie alaba a la muerte, sino a aquel a quien la muerte antes le quitó el ánimo que lo perturbó.”
VALE.