Lectura íntima del Quijote
—No hay camino tan llano —replicó Sancho—, que no tenga algún tropezón o barranco; en otras casas cuecen habas, y en la mía, a calderadas; más acompañados y paniaguados debe de tener la locura que la discreción. Mas si es verdad lo que comúnmente se dice, que el tener compañeros en los trabajos suele servir de alivio en ellos, con vuestra merced podré consolarme, pues sirve a otro amo tan tonto como el mío.
—Tonto, pero valiente —respondió el del Bosque—, y más bellaco que tonto y que valiente.
—Eso no es el mío —respondió Sancho—, digo, que no tiene nada de bellaco, antes tiene una alma como un cántaro: no sabe hacer mal a nadie, sino bien a todos, ni tiene malicia alguna; un niño le hará entender que es de noche en la mitad del día, y por esta sencillez le quiero como a las telas de mi corazón, y no me amaño a dejarle, por más disparates que haga.





23 de Abril de 2008 a las 4:14 pm
¿Como? ¿Que a pan y agua los dos, pero con visitas?
¿Apelamos, Joselu? …por una parte lo de las visitas nos conviene.
25 de Abril de 2008 a las 7:08 am
No, nada de pan y agua… ¡Vino, vino, vino!… Mucho mejor para una lectura tan íntima…
25 de Abril de 2008 a las 11:52 am
A mí como tanto exegeta y critiquillo me han desgraciado el Quijote como que siento cierto agotamiento.