Ámbar y algalia
Creo en los héroes que aman de oídas,
creo en los héroes que ordenan jurar
que, sin verla, ella es la dulzura
que enflaquece el juicio del más valiente,
la razón de la sinrazón de amar…
Me amó sin verme, sin tener noticia
de mis muslos oscuros ni de mi piel…
Me quiso y entonces tuve que nacerle
y vencer de un golpe la oscuridad.
¿Cómo quejarse de tanta hermosura?
(La razón de mi sinrazón, susurro
al viento… A veces yo me retiro
a la sierra y doy saltos también…
Sí que creo: la sinrazón de amar…)





21 de Abril de 2008 a las 6:05 pm
Desde la entrada anterior te he leído un montón de veces. Como estoy suscrito a tu página en Bloglines, y quiero dejar un comentario, cada vez que te leo le doy a “marcar todo como nuevo”. Eso hace que cada vez que abro bloglines me avise de que no he leído tu post. Lo vuelvo a abrir. Y como no sé dejar el comentario que me gustaría, vuelvo a darle: “marcar todo como nuevo”; así infinitamente, jueves, para decirte al fin que claro, que me encanta que creas.
Bloglines sabe mucho. Me decía en tu anterior entrada que escribías sobre héroes. Y en ésta, dice que escribes sobre crear nuevo tag. Me parece que no acierta tanto, y que más que nuevo tag, es nueva sinrazón.
Te copio: flores.
21 de Abril de 2008 a las 7:28 pm
¡Qué sabor cervantino tiene este poema! ¿Cómo no darse cuenta de tu inspiración cervantina en que los héroes -el héroe- ama sin haber visto a su amada? Y en todo caso es igual porque él la pinta en su imaginación a su voluntad y le basta creer que es la más hermosa dama del universo para que sea así!
23 de Abril de 2008 a las 1:56 pm
Te contaré, jueves, porque es un secreto entre Joselu y yo, que las primeras palabras que intercambiamos los dos, hace algún tiempo, fueron sobre este tema que él saca a relucir en su comentario. Y disentíamos, y seguimos haciéndolo, cada vez más amigos. Él piensa que la pintura de la belleza está en la imaginación, en Cervantes. Yo pienso que la ceguera de la belleza está en los ojos, y que Cervantes solamente nos muestra la verdadera realidad. Así que hoy nos sometemos a tu juicio, con la seguridad de que ninguno de los dos te hará caso. A pesar de todo, jueves, ¿Tú crees que ha existido, desde el principio del mundo, una sola mujer -incluída Dulcinea, claro- que se reduzca a “algo montado sobre un pollino y que huele a ajos”? ¿Hay alguna pobre labradora en el mundo sin esa belleza que D. Quijote ve?
El problema, que ese sí existe, es cuando ella no tiene otro espejo que el de los ojos de los demás -de la gente corriente- para verse. Entonces sí, entonces, ella puede creerse que es el origen de lo de los ajos, y en ese supuesto, que la fortuna nos quite de su camino, si es que no vamos a saber desengañarla.
Puede, sí, creerse vulgar y comportarse como tal; pero de ahí a serlo, va un trecho.
Un abrazo para ti, nuestra invocada juzgadora, y otro que tiene que ser obligatoriamente más fuerte para Joselu, en compensación por todas las trampas que acabo de hacerle en el juego.
25 de Abril de 2008 a las 7:07 am
No sé si estoy engordando en cintura o en sentido común, pero me siento como Sancho en la ínsula Barataria, y sé que voy a salir peor parado que él: ¿ahorcamos al que dice que viene para que lo maten o le dejamos pasar? Ante la duda, siempre la misericordia…
Así es que, amigos, la belleza “podría” existir tanto en labradora a lomos de un pollino como en los que la sueñan; y vayan vuestras mercedes a saber si no formarán parte de la misma cosa. Cómo ver quiénes somos sin el espejo…
Caí en la trampa, como Sancho, a pesar de que siempre me dije que en boca cerrada no entran moscas y que cada maestrillo tiene su librillo… y que amar y saber todo no puede ser.
Femesmenota, me gustan tus “secretos”… Y después de alimentar el alma, Joselu, te invito a satisfacer el cuerpo: vaya con Sancho un trago de vino y un poco de queso.
Un abrazo