Me creas… mujer
Yo sé que no era más
que una mesa coja, otro alfabeto
mudo, ciego, incapaz…
Temía que quisieras
dibujarme libro, zapato, pez…
Yo solo era una mesa…
tan solo algunas letras consonantes
con sueño de encajar…
Miré que me escribías
en páginas en blanco: mi mujer.
(Ahora, todavía,
me busco algunas veces la otra pata…).





25 de Enero de 2008 a las 2:25 pm
“Castellana por esa faz morena
y esos malos puñales y ese duelo,
y esas blondas antiguas del pañuelo
y ese pecho con sangre y esa pena.
Castellana por esa faz serena
y esos trajes de negro terciopelo
y ese dulce llorar, mirando al cielo,
y esos ojos de madre santa y buena.
Y castellana por tener amores
que no se mueren, por tener dolores
más largos que los gozos y estar sola,
llorando sin consuelo por el hijo,
y rogando a los pies del crucifijo,
lo mismo que si fueras española.”
Yo, con tal de divulgar a Sánchez Mazas, ya se sabe.
28 de Enero de 2008 a las 1:43 pm
“Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!
Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú”.
29 de Enero de 2008 a las 10:39 pm
Mi mujer, mi mujer, mi mujer… que extraña y exótica suena esta palabra, y qué llena de significado está en tu poema, como siempre certero y sugerente. Cálido y cercano. Misterioso y terráqueo. Le cuesta volar, no obstante.