Mi nombre no me recuerda a ningún nombre

Laura suena a Marta; Beatriz a Patricia o a Cristina; Carmen se parece bastante a Pilar o a Aurora. ¿Y Gema? Por fortuna, quien me escribió por primera vez me distinguió con dos emes, quizá por aquello de la soledad de mi nombre, que al menos se hagan eco y compañía las dos letras, habría pensado. Por eso pude escuchar “Gemma” siete u ocho años después, saliendo de los labios de aquel chico tan guapísimo y tan mayor y tan hermano de mi amiga. A mí no me acarició las lágrimas (¡Ruth nos había contado que le vio un día hacerlo con su novia!) pero me regaló la diferencia sonora de un nombre abandonado. Para los demás, la elección de mi nombre seguramente no tuvo importancia: yo tenía que haber sido José Julián.

date
date

Deja tu comentario